
“Hay lugares que uno visita por recomendación. Y hay otros que, una vez conocidos, siente la necesidad de recomendar. La Estancia Santa Romana pertenece, sin dudas, a este último grupo.”
A mediados de mayo tuve la oportunidad de recorrer uno de los lugares más sorprendentes que existen en nuestro país para quienes sentimos pasión por la aviación, el ferrocarril y la historia argentina.
Ubicada sobre la Ruta Nacional 7, entre las ciudades de Justo Daract y Villa Mercedes, en la provincia de San Luis, la Estancia Santa Romana es mucho más que un establecimiento rural. Es un espacio donde el patrimonio histórico encuentra una segunda oportunidad y donde cada objeto exhibido tiene una historia que merece ser contada.
Durante varias horas recorrí sus museos, hangares, galpones y espacios abiertos, descubriendo una colección que difícilmente tenga comparación en Argentina. Pero más allá de la cantidad de piezas expuestas, lo que realmente distingue a Santa Romana es la pasión de quien hizo posible semejante proyecto.
Emilio Luis Magnaghi, el hombre detrás del sueño
Hablar de Santa Romana es hablar de Emilio Luis Magnaghi.

Abogado, empresario, piloto civil y apasionado por la historia nacional, desde hace décadas impulsa un proyecto cuyo objetivo principal no es coleccionar objetos, sino rescatar y preservar parte del patrimonio argentino.
Muchas de las aeronaves, locomotoras, vehículos militares y elementos históricos que hoy pueden apreciarse dentro de la estancia estuvieron destinados al abandono o al desguace. Sin embargo, gracias a una enorme inversión de tiempo, recursos y dedicación, lograron ser recuperados para convertirse en testigos vivos de distintas etapas de nuestra historia.
Lo admirable de este proyecto es que Magnaghi nunca buscó que su colección permaneciera oculta. Por el contrario, disfruta compartiéndola con quienes valoran el esfuerzo realizado para conservar cada pieza.
Y eso fue precisamente lo que más me sorprendió durante la visita.
Desde el primer momento nos recibió con una enorme cordialidad, recorrió personalmente distintos sectores de la estancia y fue relatando la historia detrás de muchos de los ejemplares expuestos.
No era simplemente un propietario mostrando su colección.
Era alguien transmitiendo una pasión que lleva desarrollando durante gran parte de su vida.
El museo aeronáutico, un paraíso para cualquier apasionado de la aviación

Como fotógrafo aeronáutico y creador de Aerofanaticar, el museo aeronáutico era uno de los sectores que más esperaba conocer.
Sin embargo, cualquier expectativa quedó rápidamente superada.
A medida que uno avanza por los hangares aparecen aeronaves militares, aviones civiles, motores aeronáuticos, instrumental de vuelo, hélices, uniformes y una enorme cantidad de elementos que forman parte de la historia de la aviación argentina.
Cada aeronave conserva su propia identidad.
Muchas fueron restauradas respetando hasta el más mínimo detalle, mientras que otras permanecen tal como fueron recuperadas, permitiendo apreciar el enorme trabajo que demandó devolverlas a su estado actual.
Para quienes disfrutamos de la fotografía, recorrer estos hangares representa una experiencia única.
No existe el apuro habitual de un museo tradicional. Cada avión puede observarse desde diferentes ángulos, descubriendo detalles imposibles de apreciar en otros lugares.
Cada remache, cada panel y cada insignia cuentan parte de la historia de la aviación nacional.
Mucho más que aviones
Sería un error pensar que Santa Romana se limita únicamente a la aviación.
A cada paso aparecen nuevas sorpresas.
Vehículos militares perfectamente conservados, antiguos automóviles, maquinaria histórica, equipos de comunicaciones, mobiliario y cientos de objetos que forman parte de distintas épocas convierten el recorrido en un verdadero viaje por el tiempo.
La sensación permanente es que detrás de cada puerta existe una nueva historia esperando ser descubierta.
Y probablemente sea así.
El impresionante mundo de las maquetas

Uno de los sectores que más tiempo me llevó recorrer fue el dedicado a las maquetas.
Allí pueden apreciarse verdaderas obras de arte realizadas con un nivel de detalle extraordinario.
Aviones, vehículos, escenas históricas y dioramas muestran el enorme trabajo artesanal que existe detrás de cada pieza.
No importa cuánto tiempo permanezca el visitante observándolas.
Siempre aparece algún detalle nuevo.
Como fotógrafo fue imposible no detenerme en este espacio para intentar registrar parte de ese increíble trabajo.
Un homenaje permanente al ferrocarril argentino

Si la aviación ocupa un lugar privilegiado dentro de Santa Romana, el ferrocarril no se queda atrás.
El predio cuenta con una estación ferroviaria cuidadosamente preservada, locomotoras, vagones históricos y kilómetros de vías que recuerdan la enorme importancia que tuvo el tren en el desarrollo del país.
Gran parte de este patrimonio fue recuperado cuando muchas de estas unidades estaban destinadas a desaparecer.
Hoy forman parte de un espacio donde la historia ferroviaria continúa viva.
Recorrer la estación produce una sensación muy particular.
Por momentos uno olvida que se encuentra dentro de una estancia privada y siente que ha viajado varias décadas hacia el pasado.
Restaurar para preservar
Mientras caminaba por cada uno de los sectores resultaba inevitable preguntarse cuánto trabajo existe detrás de semejante proyecto.
La respuesta probablemente sea imposible de calcular.
Cada restauración implica cientos de horas de trabajo.
Cada traslado representa un enorme desafío logístico.
Cada pieza recuperada significa salvar una parte de la historia que de otro modo podría haberse perdido para siempre.
Y justamente allí radica el verdadero valor de Santa Romana.
No es una colección acumulada por capricho.
Es una tarea permanente de preservación histórica.
Un lugar pensado para compartir
Uno de los aspectos que más destaco de la visita fue la generosidad con la que Emilio Magnaghi comparte este patrimonio.
En un mundo donde muchas colecciones privadas permanecen cerradas al público, encontrar a alguien dispuesto a abrir las puertas de un lugar como Santa Romana merece ser reconocido.
Su calidez durante toda la recorrida hizo que la experiencia fuera mucho más enriquecedora.
No solamente observamos aviones, locomotoras o vehículos militares.
También escuchamos las historias que hay detrás de cada uno de ellos.
Y eso cambia completamente la experiencia.
Mi experiencia en Santa Romana
Durante mi visita de mediados de mayo comprendí que Santa Romana no puede definirse únicamente como un museo.
Es un proyecto de vida.
Es el resultado de décadas dedicadas a rescatar parte del patrimonio argentino.
Como fotógrafo encontré escenarios increíbles para registrar.
Como apasionado por la aviación disfruté cada aeronave.
Como amante de la historia terminé comprendiendo la enorme importancia que tiene preservar estos espacios.
Salí de la estancia con cientos de fotografías, pero sobre todo con la satisfacción de haber conocido un lugar único en nuestro país.

Un destino que merece ser conocido

Argentina posee museos extraordinarios relacionados con la aviación y el ferrocarril.
Sin embargo, Santa Romana ofrece algo diferente.
La combinación entre naturaleza, historia, restauración, aviación, patrimonio ferroviario y la hospitalidad de Emilio Luis Magnaghi convierten la visita en una experiencia difícil de olvidar.
Desde Aerofanaticar quiero expresar un especial agradecimiento a Emilio por la amabilidad con la que nos recibió y por permitirnos recorrer este increíble lugar.
Gracias por mantener viva una parte tan importante de nuestra historia y por demostrar que preservar el patrimonio también es una forma de construir futuro.
Porque hay colecciones que impresionan por su tamaño.
Y hay otras, como la de Santa Romana, que emocionan por la pasión con la que fueron creadas.